cuento

Lo conocí, porque así tenía que suceder y lo que sucedió es que me dejó encarcelado entre las páginas de su cuento.

jueves, 24 de marzo de 2011

Mi desnudez.

Te mostré mi cuerpo y lo disfruté,
permití que vieras lo imperfecto de mi piel
y las caricias que me dabas las guardé,
te regalé mi pudor.

Te llevé a navegar entre la obscuridad de mi mar de recuerdos,
te presté una balsa para que no te ensuciaras de ellos
yo mismo remé y te llevé a lo mas secreto,
me ahogué en ti.

Te conté las historias de los abuelos,
de los monstruos que escondo abajo de mi cama,
de las cicatrices que a veces me invento para no estar solo,
te volví mi cuento.

Te llevé a mis canciones
y todas las palabras salidas de mi boca llevaban tu nombre
baile al ritmo de la lluvia y de los ruidos de tu cama,
me contagie de ti.

Ante ti desnudé tanto mi ser
que cuando llegó el frío de tu abandono
congelo bruscamente mi alma
y mi mirada  se contagio del vacío
de aquellos que no saben amar.

jueves, 17 de marzo de 2011

Cíclope.

Recuerdo... yo estaba ahí. Entre esas piedras calientes que me quemaban pero de las cuales no podía escapar, pues condenado estaba a vivir entre ellas y entre todos aquellos seres. Tal vez eran monstruos. Para mí eran simples sombras que de vez en cuando intentaban corromperme más y llevarme a sus oscuras cuevas, y que por miedo siempre rechazaba. Porque a pesar del abandono en el que me encontraba, aún conservaba la esperanza de ver una luz que me ayudara a escapar de ese sitio del cual me estaba ya sintiendo parte.

El calor... el calor nunca se fue. A veces era insoportable. Aún así habían unos que lo disfrutaban. Cuando pasaba esto, intentaba hacerme dueño de esa plancha en la que podías acostarte y fingir que estabas muerto. Cuando por fin lo lograba, cerraba mis ojos intentando dormir para olvidar la hoguera en la que me encontraba. Nunca lo logré. Cuando abría mis ojos, estaban alrededor de esa; a la que algunas veces le llamé cama. Intentando lamer mis heridas con sus lenguas pegajosas, me causaban asco.

No niego que llegue a conocer a algunos. Hablaba con ellos de cosas vacías, reíamos, intentábamos jugar, pero siempre que hacíamos esto, lográbamos lastimarnos un poco más. Era una forma de pasar el tiempo. De otros sólo sentía su presencia y de vez en cuando arrancaban un trozo de carne de mi miserable cuerpo. Lo devoraban. La sangre que derramaba la lamían y siempre estaban esperando un descuido. No sólo de mí, sino de todos para hacerlo.

¿Cómo llegó él? No lo sé. Creo siempre estuvo ahí. Encerrado en su cueva. Solitario. Jamás había escuchado de él por qué decidió salir. Lo desconozco, pero su presencia impactó a más de uno. No logre verlo. Muchos fueron sus víctimas y hasta disfrutaban cuando les arrancaba partes de su cuerpo. ¿Cómo fue que me acerqué a él? Creo por descuido. En ese momento ya casi no veía. La vista me estaba abandonando. Pudo ver mi miedo. Lo sentía y lo disfrutaba.

Todavía no olvido cuando me tocó por primera vez. Fue un acto de catarsis y me sentí aliviado. Creo que si en ese momento hubiera sido capaz de razonar, hubiera comprendido lo que los demás sentían cuando ese ser los torturaba. Yo no corrí con la misma suerte. A mí me dejó ahí, y fue entonces que sentí el más grande de los miedos. El más grande de los abandonos. Ya era ciego.

Los días que siguieron a este suceso, fueron los más oscuros y fríos, porque a pesar del calor que antes había sido insoportable, mis huesos tiritaban. Buscaba, pero sin preguntarle a nadie, no sé cuánto tardó en volver. Para mí lo importante es que lo hizo. Ahora a ciegas llegué a él y él a mí.

Me guió a su cueva. Caí varias veces en el camino sobre aquellas piedras húmedas y puntiagudas. Nunca me levantó, pero sentía su protección. Por eso jamás dejé de seguirlo. Cuando por fin llegamos a su cueva, me despojó de todo. Pensé en huir. Recordé todas las veces que quise escapar de ese sitio. No me moví. Deje que arrancara la poca carne que me quedaba. Era maravilloso.

Tomó mis manos y las llevó a su cuerpo. Pensé que sería como tocar un ángel. Cuando llegué a su cara la apartó. Creo que sintió miedo o vergüenza. Me detuve y toqué su cabeza. Pude escuchar su risa. Era como si nadie lo hubiera tocado antes. Sentí el relieve de su cuerpo, tenía una parte especial a un lado de su costillas. Era como tocar una galaxia y me imaginaba a las imperfecciones que estaban alrededor como estrellas desobedientes que se escaparon.

Cuando toqué su único ojo fue entonces que comprendí por qué aparto su rostro. En serio era especial. No dije nada, pero para mí significó el haber encontrado la perfección del ser, pues no necesitaba más que uno para ver. Estaba completo. No le faltaba nada. Nunca había sido víctima de aquellos que descarnaban. Yo por mi parte era ciego, flaco, descarnado. No poseía nada. Él en cambio, tenía un único ojo que la naturaleza le había regalado, un cuerpo enorme y completo. No necesitaba de juegos, de compañía, de charlas estúpidas con esas sombras. Y fue que comprendí que había encontrado un hombre.

domingo, 13 de marzo de 2011

Conchita - Donde Lo Guardo



Prometí no dar señales de vida
y hasta hace un rato estaba ahí escondida,
diciendo a la gente que todo va viene,
que cayeron tus ruinas.

Y ahora paso el día disimilando
cuando alguien habla de ti me levanto,
y me marcho pensando tranquila
es un rato y se pasa.

Pero dónde lo meto,
dónde lo guardo, dónde lo suelto
mientras te olvido,
todo el amor dónde lo escondo.
Que lo he intentado y no hace ni caso,
dónde lo guardo.
Le puse frenos, le di alas, puse muros,
le di tiempo y no se calla.

Nunca entiendo bien aquellas historias,
duran media vida y pasas las horas,
poniéndole parches, buscando otras bocas,
que te hagan sentir.

Prometo no dar señales prohibidas,
quedarme aquí y esconderte mi vida,
diciendo a la gente que todo va bien,
que cayeron tus ruinas.

Pero dónde lo meto,
dónde lo guardo, dónde lo suelto,
mientras te olvido,
todo el amor dónde lo escondo,
que lo he intentado y no hace ni caso,
dónde lo guardo.
Le puse frenos, le di alas, puse muros,
le di tiempo y no se calla.

Siempre acabamos igual,
quizás alguna vez ya no me duela tanto.
Tiene que haber un lugar donde ir a parar
y no disimularte.
Siempre acabamos igual,
quizás alguna vez ya no me duela tanto.
Tiene que haber un lugar donde ir a parar
y no disimularte.

Y dónde lo meto,
dónde lo guardo, dónde lo suelto,
mientras te olvido,
todo el amor dónde lo escondo.
Que lo he intentado y no hace ni caso,
dónde lo guardo.
Le puse frenos, le dí alas, puse muros,
le di tiempo y no se calla.
Y dónde lo meto, dónde lo guardo,
dónde lo suelto,
mientras te olvido, todo el amor,
dónde lo escondo.

jueves, 10 de marzo de 2011

Los días que no volverán...

Los días que no volverán…
se han llevado sobre sus hombros a aquel niño asustadizo,
que lloraba tras su madre,
cuando el monstruo de la vida decidía atacar.

Los días que no volverán…
se han llevado entre sus pies a aquel chico inseguro,
que se encerraba entre cuatro paredes,
para que nadie lo pudiera mirar.

Los días que no volverán…
se dibujaron en el rostro a aquellos amigos,
que provocaron una sonrisa con su paso,
pero que otros caminos tenían que andar.

Los días que no volverán…
se han llevado en el pensamiento
todos los recuerdos olvidados,
de este desmemoriado que hoy aquí está.

Los días que no volverán…
se han llevado entre las manos
aquellos amores fallidos
que alguna vez fui a extrañar.

Los días que no volverán…
se cargaron en la espalda,
y le pusieron el título de normal,
a todas aquellas cosas que algún día
me parecieron extraordinarias.

Los días que no volverán…
se han llevado en el corazón
los momentos a tu lado,
todos aquellos días de largos abrazos
y el nosotros que jamás volverá.

domingo, 6 de marzo de 2011

Quisiera saber por qué...

Hoy pienso en usted,
preguntándome las mismas cosas de ayer,
cambiándole el final a lo que ya fue,
y sonriéndole a lo que pudo ser.

Porque aún hoy lo dibujo en lo abstracto
del cuadro de lo complejo y simple de mi vida,
entre las mariposas de mi estómago
que podrían confundirse con vértigo
o miedo a bajar de las nubes
que me envuelven cuando pienso en usted.

Porque aún sigo deseando cosas
que podrían ser no imposibles
si se tratase únicamente de mi persona,
porque lo haría volver y lo haría pagar con besos
los que se ha llevado y que cualquier otro tomará como suyos,
en el silencio de su boca húmeda,
en lo cerrado de sus ojos que acariacian cuando miran,
en lo caliente de su respiración,
en lo agresiva que puede llegar a ser su barba,
en lo imperfecto de su humanidad.

Y aun sonriendo entre los días que han pasado
entre el abandono de su persona, pero no de su recuerdo,
pretendo encontrarle un pretexto
para que se vuelva a aparecer entre mis días,
que si bien no son aburridos ni vacíos,
estarían mejor con usted.

Porque aún entre mis locuras y juegos de niño
lo recreo tomandolo de la mano
contando los pasos hasta que vuelvo a la realidad
esa en la que ya no está,
pero que me traiciona al poner en mi camino
a personas, lugares, cosas que indican
que jamás podré olvidarlo.

LOS DANIELS feat NATALIA LAFOURCADE -QUISIERA SABER ( VIDEO OFICIAL)

sábado, 5 de marzo de 2011

A un desconocido...

     “Festejamos el día que te conocí ahora ya lo olvidé…”. Y aún hoy pienso en ti, recuerdo y suena en mi cabeza ese “no sé tú pero yo quisiera repetir…”. Que lucha por convertirse en algo más que una buena tarde caminando por la Alameda escuchando tu voz, con imágenes de momentos anteriores en los que no sabíamos nuestros nombres, pero que iniciamos la lucha por formar parte uno del otro entre ojos vigilantes que se convirtieron en nadie.

Momentos en que la coincidencia no se hizo esperar, que después de días de monotonía hizo abandonar lo acostumbrado y decidir explorar lo que en experiencias pasadas de encuentros clandestinos, me habían provocado decir no lo volveré hacer y que ahora me obliga a escuchar “tantos mundos tantos años y coincidir”.

“Quiero verte un día más y platicar aunque ayer te vi…” ya ha pasado más de una semana, las fotografías de tu cara en mi mente empiezan a difuminarse y hasta tu nombre inicia a confundirse con algún otro que llegó y también se fue. Y empiezo a creer que eres el mismo, que eres igual, pero surge la esperanza de que me llames o escribas, pero no sucede “llama por favor estoy tan indefensa…”. Ciertamente ya no me siento tan vulnerable como cuando llegaste y tenía 20 años con la ilusión de encontrarme al indicado, tú con el nombre de Emilio o Esteban tal vez fue Jesús, no sé no lo recuerdo, has tenido muchos que ya hasta los confundo, siempre con nombres, cuerpos, caras, voces, experiencias distintas pero siempre logrando que te quiera aunque sea un poco….

¡Al César lo que es del César!, vienen a mi mente frases locas, que me recuerdan una conquista, una lucha, muerte, desilusión y también esperanza, como sea provocas en mí ganas de escribirte y de escuchar música, ganas de verte y decirte que puedes confiar en mí. “me encimo, afino, termino y descubro que el cuento que cuento no siento que quiera ser...y el humo, consumo, que imaginé... enciendo y entiendo que no te conozco bien”.

Saludo.

Este blog lo creo con el fin de publicar un poco de lo poco que pienso y que transformo en palabras...