cuento

Lo conocí, porque así tenía que suceder y lo que sucedió es que me dejó encarcelado entre las páginas de su cuento.

martes, 24 de enero de 2012

Hoy quiero.


Hoy no quiero escribirte palabras tristes
que aflijan tu mirada linda
que en lugar de alegrarme,
de haberlas escrito, me entristecen.

Hoy no quiero escribirte metáforas
que ni yo mismo entienda,
o que tenga que explicarte,
como si se tratara de una ecuación sofocante.

Hoy quiero ser más sincero y decirte que te espero,
que la distancia que nos separa algunas veces
no ha podido con lo que siento por ti,
y  no ha podido borrar tu imagen por las mañanas.

Hoy quiero decirte que tengo la necesidad
de abrazarte, de besarte y decirte que siempre estás aquí,
aquí en mi corazón que no ha sabido odiar
porque esta tan distraído queriéndote tanto.

Hoy quiero tomarte de las manos
y llenarme de tus caricias que se quedan cuando tú no estás,
llenarme de tu mirada, de tus besos, de tu voz,
llenarme de ti y de ese que soy cuando estoy contigo.

jueves, 12 de enero de 2012

Yo, mi moral y mi doble moral.



            Esa mañana me levanté con ganas y me decía “propónselo,  propónselo, ya lo conoces, sabes que le gustas y que te gusta y si no se dieron las cosas de otra manera pues mínimo que te ayude de la otra”, que no está por demás decir que en la otra manera se desempeña muy bien. Como sea terminé de despertarme, caminé hacia el baño, cepille mis dientes y recapacite y ahora me dije “no, cómo crees que le dirás eso, ahora es tu amigo, lo vas a arruinar”, me miré al espejo, y ahí estaba yo, moreno, delgado, con mis ojos de regalo un poco más cerrados,  fingiendo una sonrisa muy absurda por cierto.

“Amigos con derecho, no eso no es para mí o si”, me decía esto mientras recordaba las cosas que he dejado de hacer por el que dirán. De las veces que he puesto cara de niño bueno cuando por dentro soy el mismo diablo. De las veces que me he quedado serio cuando en realidad quiero cagarme de la risa. También de las veces que he decido actuar pero que termino por arrepentirme y lo niego todo a todos, incluso a mí.  Pero también de las veces que he sido un cabrón y no me ha importado herir a alguien y que aún me seguían causando risa.

La batalla en mi cabeza estaba al mil, entre preguntas y respuestas, acuerdos y contradicciones, pros y contras, muy ridículo en serio, de repente mire el reloj “domingo 7:50 am”, todo aquello me había llevado más de 40 minutos, y a mí que no me gustaba llegar tarde a misa.